martes, 7 de julio de 2009

Urraca de Castilla. Reina de Castilla y León.

Las obras a ella dedicada aparecen descritas en Crónica medieval Moderna: Urraca. Lourdes Ortiz. Universidad de Basilea, Publicado en Analecta Malacitana, XVIII, 2, 1995, págs. 319-344.

Recogemos los momentos más relevantes de su vida. Primera mujer en ocupar el trono de un reino cristiano en Europa. Se considera su fecha de nacimiento situada entre 1079 y 1081 en león y muere en Saldaña, Palencia, en el año 1126. Reina de Galicia de 1109 a 1111 y de Castilla y León de 1109 a 1126. Es una de las personalidades más polémicas de la Edad Media hispana, pues su reinado coincidió con una de las épocas más tormentosas del incipiente reino de Castilla. Urraca fue la hija primogénita de Alfonso VI de Castilla y Léon, y de la segunda esposa de éste, la reina Constanza de Borgoña. Debió de nacer hacia el año 1079 y, en principio, se desconocen más datos sobre su infancia. Primera hija del rey Alfonso VI y de su segunda esposa Constanza de Borgoña, el nacimiento de su hermanastro Sancho en 1093 la apartó de la línea sucesoria al trono de su padre. En 1090, Urraca contrajo matrimonio con Raimundo de Borgoña, un noble francés que llegó a León tras la batalla de Zalaca respondiendo al llamamiento que Alfonso VI realizó a la cristiandad europea con la intención de organizar una cruzada contra los almorávides que asolaban sus reinos. Del matrimonio de Urraca con Raimundo nacerían dos hijos, Sancha en 1102 y Alfonso Raimúndez, el futuro Alfonso VII en 1104. En 1108 fallece su hermanastro Sancho en la batalla de Uclés, Cuenca. La muerte del único descendiente varón de Alfonso VI convierte a Urraca, que había enviudado un año antes, en la candidata mejor situada para suceder a su padre quien reúne en Toledo a los nobles del reino y les comunica el hecho, hasta entonces insólito, de que ella es la elegida para sucederle. Los nobles aceptan la designación real pero exigen que Urraca contrajera un nuevo matrimonio. Inmediatamente surgen varios candidatos para desposar a la heredera al trono entre los que destacan el Conde de Candespina Gómez González y el conde Pedro González de Lara. Alfonso VI, temiendo que las rivalidades que existían entre los nobles castellanos y leoneses se incrementaran por este motivo, decide casar a Urraca con el rey aragonés Alfonso I el Batallador. El matrimonio se celebra en 1109 en el castillo de Monzón de Campos, Palencia; no sabemos si aún viva Alfonso VI que muere en ese mismo año. La alta nobleza y el clero no están de acuerdo con esta boda y trabajan para lograr la anulación eclesiástica del matrimonio argumentando ante el papa Pascual II que el mismo era incestuoso debido a la consanguinidad de los esposos ya que ambos eran biznietos de Sancho Garcés III de Pamplona. El pontífice amenaza con la excomunión de los monarcas si estos no anulan el matrimonio. Urraca decide alejarse de Alfonso y se refugia en el monasterio de Sahagún. Alfonso I recibe noticias de que el arzobispo de Toledo está maniobrando para obtener la nulidad matrimonial lo que junto a los rumores de que la reina mantiene una relación amorosa con el conde de Candespina hace que decida encarcelar a Urraca en la fortaleza de El Castellar en Calatorao, Zaragoza, El conde de Candespina junto al conde Pedro de Lara logra liberar a la reina que busca refugio en la fortaleza de Candespina, ubicada en Fresno de Cantespino, Segovia. Los últimos años del reinado de Urraca son poco conocidos por la falta de documentos claros. De su estudio se desprende que no cesó la guerra civil hasta su muerte en el año 1126, ocurrida en el castillo de Saldaña en Palencia, por las secuelas del difícil parto de Fernán Pérez Furtado, fruto de la relación amorosa con don Pedro González de Lara, llamado "el hurtado", Furtado, porque no tuvo legado alguno ni de padre ni de madre. Ese mismo año, su hijo Alfonso llegado de Galicia sería coronado también como rey de León, que sería conocido tradicionalmente con el nombre de Alfonso VII de León y Castilla, más tarde apodado el Emperador. Su cuerpo se encuentra enterrado en la capilla Mayor de la Catedral de Palencia.


Primera hija del rey Alfonso VI y de su segunda esposa Constanza de Borgoña, el nacimiento de su hermanastro Sancho en 1093 la apartó de la línea sucesoria.

En 1090, con diez años de edad casa con Raimundo de Borgoña, noble francés; conde Amous, que participa en la Batalla de Sagrajas respondiendo al llamamiento que Alfonso VI realizó a la cristiandad europea con la intención de organizar una cruzada contra la invasión almorávide. Raimundo llega a Castilla con su primo Enrique que casa con una hermanastra de Urraca, como veremos. Del matrimonio de Urraca con Raimundo nacerían dos hijos: Sancha en 1102; madrina en la boda de su hermano, y Alfonso Raimúndez, el futuro Alfonso VII en 1104.

En 1095, a raíz del matrimonio de una de las hijas naturales de Alfonso VI, Teresa, con Enrique de Borgoña, el monarca dividió Galicia en dos condados: el condado de Galicia fue concedido a Urraca y Raimundo, y el condado Portucalense que comprendía las tierras entre los ríos Duero y Miño y que correspondió como dote a Teresa y Enrique y que con el tiempo daría lugar al reino independiente de Portugal en los límites con la Lusitania.

Urraca es hija de Constanza de Borgoña y Teresa, hermanastra de Urraca, casa con Enrique de Borgoña que es sobrino de Constanza y así primo hermano de Urraca. No son estas las unicas relaciones que se establecen con el ducado de Borgoña pues Alfonso VI contrae un tercer matrimonio con Berta de Borgoña, aunque sin sucesión, que es hermana de Raimundo de Borgoña con quien casa la propia Urraca. Raimundo y Berta son hijos de Guillermo I conde palatimo de Borgoña.

Constanza es hija de Roberto "el Viejo", duque de Borgoña, hermana de Enrique, duque de Borgoña cuyo hijo tambien de nombre Enrique casa con Teresa hija natural de Alfonso VI. Roberto "el Viejo" es hijo de Roberto "el Piadoso", rey de Francia sucesor de Hugo Capeto. Raimundo y Berta son hijos hijo del conde palatino Guillermo I de Borgoña y primos de Enrique, marido de Teresa.
En 1108 fallece su hermanastro Sancho en la batalla de Uclés. La muerte del único descendiente varón de Alfonso VI convierte a Urraca, que había enviudado un año antes, en la candidata mejor situada para suceder a su padre quien reúne en Toledo a los nobles del reino y les comunica el hecho, hasta entonces insólito, de que ella es la elegida para sucederle. Los nobles aceptan la designación real pero exigen que Urraca contrajera un nuevo matrimonio. Inmediatamente surgen varios candidatos para desposar a la heredera al trono entre los que destacan el conde de Candespina Gómez González y el conde Pedro González de Lara. Alfonso VI, temiendo que las rivalidades que existían entre los nobles castellanos y leoneses se incrementaran por este motivo, decide casar a Urraca con el rey aragonés Alfonso el Batallador. El matrimonio se celebra en 1109 en el castillo de Monzón de Campos, sin que quede del todo claro si fue antes o después de la muerte del rey Alfonso VI. El matrimonio entre Urraca y Alfonso se inicia con la oposición de distintas facciones políticas contrarias a la unión por motivaciones muy distintas. Una primera facción estaba formado por el clero francés que se había visto muy reforzado gracias al origen borgoñés del primer marido de Urraca y que temía perder sus privilegios. Una segunda facción tenía su centro en Galicia y su rechazo a la unión entre Urraca y Alfonso venía motivado por la pérdida de los derechos al trono castellano-leonés del hijo de Urraca, Alfonso Raimúndez. En efecto, uno de los primeros actos que tomaron los monarcas fue la firma de un pacto según el cual los cónyuges se otorgaban recíprocamente potestad soberana en el reino del otro, declaraban heredero de ambos al hijo que pudieran engendrar y que si de la unión entre ambos no naciera heredero alguno cada cónyuge sucedería al otro en caso de muerte de alguno de ellos. Este sector se encontró desde un prime momento dividido en dos tendencias: una encabezada por el obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez que defendía la posición del infante Alfonso como sucesor de Urraca; y otra encabezada por Pedro Fróilaz, conde de Traba y tutor del príncipe Alfonso quien se inclinaba por la independencia de Galicia cuyo trono ocuparía Alfonso. Un tercer grupo opositor al matrimonio real radicaba en la misma corte y estaba encabezada por el conde de Candespina y la motivación de su oposición venía dada por su temor a la pérdida de poder, sensación que se vio pronto confirmada cuando Alfonso I nombró a nobles aragoneses y navarros para importantes cargos públicos y como alcaides de los castillos y enclaves castellanos y leoneses. Será el conde de Traba quien desde Galicia inicie el primer movimiento agresivo contra los monarcas cuando reclamó los derechos hereditarios del infante Alfonso. En respuesta a la rebelión gallega Alfonso el Batallador se dirigió al frente de su ejército hacia Galicia y, en 1110, restableció el orden en el condado rebelde al vencer a las tropas gallegas en el castillo de Monterroso. La rebelión gallega contra el poder real fue sólo el inicio de una serie de conflictos políticos y bélicos que, los caracteres opuestos de Urraca y Alfonso y su antipatía mutua, van a alentar en los sucesivos años y que van a sumir a los reinos hispánicos en una continua guerra civil. Pronto se diferencian dos tendencias en la facción opuesta al matrimonio radicada en la propia corte. Una apoya a Alfonso como soberano y está integrada por la baja nobleza y las grandes ciudades que bordean el Camino de Santiago deseosos de deshacerse de los señoríos eclesiásticos, la otra apoya a Urraca y está formada por la alta nobleza y el clero que trabajará activamente para lograr la anulación eclesiástica del matrimonio argumentando ante el papa Pascual II que el mismo era incestuoso debido a la consanguinidad de los esposos ya que ambos eran biznietos de Sancho Garcés III de Pamplona. El pontífice amenaza con la excomunión de los monarcas si estos no anulan el matrimonio. Urraca decide alejarse de Alfonso y se refugia en el monasterio de Sahagún. Alfonso I recibe noticias de que el arzobispo de Toledo está maniobrando para obtener la nulidad matrimonial lo que junto a los rumores de que la reina mantiene una relación amorosa con el conde de Candespina hace que decida encarcelar a Urraca en la fortaleza de El Castellar y dirija su ejército contra todas aquellas plazas castellanas que se habían posicionado a favor de Urraca. Tomó Palencia, Burgos, Osma, Orense, Toledo donde depuso al arzobispo, y Sahagún donde depuso al abad del monasterio donde se había refugiado Urraca. El conde de Candespina junto al conde Pedro de Lara logra liberar a la reina que busca refugio en la fortaleza de Candespina, ubicada en Fresno de Cantespino en Segovia. El Rey entonces decidió plantar cara a la situación y lo hizo en la batalla del Campo de la Espina o Candespina, 26 de octubre de 1111, en la cual salió victorioso gracias al apoyo militar que recibió de la hermanastra y del cuñado de Urraca, los condes de Portugal Teresa y Enrique y en la que halló la muerte el gran aliado y posiblemente amante de la reina el conde de Candespina. Sin embargo la entrada de Alfonso en Toledo, cuya cesión pretendían Teresa y Enrique, hizo que Enrique intentase un pacto con Urraca pero la animadversión que se tenían las hermanastras hizo que finalmente Urraca se reconciliase con su marido Alfonso obligando a los condes de Portugal a retirarse a sus dominios. La reconciliación matrimonial vuelve a quebrarse cuando Urraca se entrevista con la nobleza gallega y acepta que su hijo Alfonso sea proclamado rey de Galicia. La coronación se lleva a cabo en Santiago de Compostela el 17 de septiembre de 1111 y provocará las iras de Alfonso I de Aragón y nuevos enfrentamientos entre los soberanos a lo largo del año 1112 destacando los que tuvieron como escenarios a ciudades como Astorga y Carrión de los Condes y que terminarían con una nueva tregua que habría de romperse al año siguiente en Burgos, cuando la reina apoyada por las tropas del obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez, sitió la ciudad. Alfonso decide entonces abandonar sus aspiraciones territoriales sobre los reinos de su esposa y, basándose en los argumentos que utilizaron los que desde un primer momento querían declarar nulo su matrimonio, repudiar a Urraca, hecho que se hizo efectivo en un concilio que se celebró en Palencia en 1114. La retirada de Alfonso I no supondrá la desaparición de los conflictos ya que estos se desplazan nuevamente a Galicia donde, en 1115, el conde de Traba, Pedro Fróilaz, y el obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez, intentan aumentar la autonomía del hijo la reina, Alfonso, como rey independiente de Galicia. La reina decide entonces apartar a su hijo Alfonso Raimúndez de la influencia de su tutor para lo cual se dirige al frente de su ejército a Santiago cercando la ciudad. Gélmirez y el conde de Traba deciden entonces pactar con Urraca y mientras se entrevistan con ella la población se amotina y en la revuelta popular Urraca fue rodeada, golpeada y en un barrizal fue desnudada, humillada y vejada y hasta se dice que alguien que estaba allí le tiró un piedra que le dio en la cara saltándole varios dientes y muelas. Tras huir, la reina sitió la ciudad hasta su rendición sometiéndola posteriormente a una fuerte represión.


Fernando Pérez de Trava, 1080-1155, conde de Trastamara, es hijo de Pedro Froilaz, conde de Trava, y de Urraca Froilaz. Casa con Sancha González. Padres de Gonzalo Fernández, que casa con Berenguela siendo padres de Gómez González que casa con Elvira Pérez. Estos son padres de Rodrigo Gómez de Trava que casa con Mayor Alfonso; sin sucesión, y de Sancha Gómez de Trastamara que casa con Gonzalo Pérez Manrique de Lara, III señor de Molina y biznieto de Pedro González de Lara el de los amores con Urraca; con sucesión en los señores de Molina.

Fernando Pérez de Trava de sus amores con Teresa de León, condesa de Portugal es padre de Teresa Fernández de Trava que casa primero con Nuño Pérez de Lara y viuda con Fernando II, rey de León, y a Sancha Fernández que casa con Alvar Rodríguez, conde de Sarria. Teresa de León, condesa de Portugal, es hija de Teresa la hermanastra de Urraca. Nuño Pérez de Lara, primer marido de Teresa Fernández de Trava, es hijo de Pedro González de Lara, nuestro conocido amante de la reina Urraca, y tío abuelo de Gonzalo Pérez de Lara, III señor de Molina, que casa como hemos visto con Sancha que es bisnieta de Fernando Pérez de Trava y nieta de González Fernández que recordemos es hermanastro de Teresa Fernández de Trava. Ésta de su segundo matrimonio con Fernando II de León no tiene hijos. Fernando II de León es nieto de Urraca por lo que casa con una primastra hermana de su padre Alfonso VII. Vemos por estos matrimonios como la Casa Real de Castilla mantiene repetidos enlaces con los descendientes de Pedro González de Lara.

En 1117 Urraca consolidó la relación con los partidarios de su hijo firmando el Pacto del Tambre en el que reconocía la legitimidad del infante Alfonso para sucederla en el trono, sin embargo la paz sólo se prolongó hasta 1120 cuando nuevamente se enfrentó al conde de Traba con el que sin embargo tuvo que volver a pactar en 1121 debido a la invasión que desde el condado Portucalense encabezó su hermanastra Teresa y que repelió cruzando el río Miño y venciéndola en Lanhoso consiguiendo que ésta le reconociese como soberana. Los últimos años del reinado de Urraca son poco conocidos por la falta de documentos claros. De su estudio se desprende que no cesó la guerra civil hasta su muerte en el año 1126, ocurrida en el castillo de Saldaña en Palencia, por las secuelas del difícil parto de Fernán Pérez Furtado, fruto de la relación amorosa con Pedro González de Lara, llmado "el hurtado", Furtado, porque no tuvo legado alguno ni de padre ni de madre. Ese mismo año, su hijo Alfonso llegado de Galicia sería coronado también como rey de León, que sería conocido tradicionalmente con el nombre de Alfonso VII de León y Castilla, más tarde apodado el Emperador. Su cuerpo se encuentra enterrado en la capilla mayor de la catedral de Palencia.

Alfonso I de Aragón, el Batallador, 1073 – 7 de septiembre de 1134, Poleñino, Huesca. Rey de Aragón y de Pamplona desde 1104 a 1134. Hijo de Sancho Ramírez, rey de Aragón y Pamplona entre 1063 y 1094, y de Felicia de Roucy, ascendió al trono tras la muerte de su hermanastro de Pedro I. Destacó en la lucha con los musulmanes, llegando a duplicar la extensión del reino de Aragón tras obtener la conquista clave de Zaragoza. Temporalmente, y a merced de su matrimonio con doña Urraca gobernó sobre Castilla, haciéndose llamar entre 1109 y 1114 «Rey y Emperador de Castilla, Toledo, Aragón, Pamplona, Sobrarbe y Ribagorza», lo que duró hasta que la oposición nobiliaria forzó la anulación del matrimonio. Los ecos de sus victorias traspasaron fronteras; en la Crónica de San Juan de la Peña, del siglo XIV, podemos leer: «clamabanlo don Alfonso batallador porque en Espayna non ovo tan buen caballero que veynte nueve batallas venció». Sus campañas lo llevaron hasta las mismísimas Córdoba, Granada y Valencia y a inflingir a los musulmanes severas derrotas en Valtierra, Cutanda, Cullera y otros sitios. A su muerte, y en lo que es uno de los episodios más controvertidos de su vida, legó su reino a las órdenes militares, lo que no fue aceptado por la nobleza que eligió a su hermano Ramiro II el Monje en Aragón y a García Ramírez el Restaurador en Navarra, dividiendo su reino.

Tras su coronación en 1104, surgió el problema dinástico de que el nuevo rey superaba la treintena y no estaba casado, siendo el único miembro restante de la casa real su hermano Ramiro, de carrera eclesiástica. Su boda, razón de estado, fue calculada por las diversas casas reales ibéricas con hijas casaderas. Al final, se decidió su matrimonio con Urraca, hija viuda del rey Alfonso VI de Castilla, interesado en el apoyo militar que su nuevo yerno, veterano en esas lides, podía proporcionarle en el este o incluso entre los ejércitos castellanos. Sus propios problemas dinásticos hacían que este príncipe extranjero pudiera evitar una división de la nobleza entre las principales casas si su hija, previsible heredera suya, se casara con un aristócrata local. Antes de casarse, según parece, Urraca y Alfonso firmaron un convenio por el que se designaban recíprocamente en soberana potestas («Potestat soberana») en las posesiones del otro. De ser cierto, Alfonso no pasaría de ser corregente en los territorios de su mujer. De esa forma, la oposición que comenzó a nacer en la nobleza, centrada en el Reino de León y Galicia, se basaba en el riesgo para la herencia que legítimamente le correspondería al hijo del primer matrimonio de Urraca, el príncipe Alfonso, con Raimundo de Borgoña. el enlace sin que quede del todo claro si fue antes o después de la muerte del rey Alfonso VI. La intervención política de Alfonso como rey consorte sin su suegro fue un fracaso, dada su tendencia como líder de un país pequeño sin nobleza arraigada, a premiar los méritos militares por encima de los linajes para escarnio de la más consolidada nobleza castellana. Alfonso, además, se cuidó de apoyarse en la primitiva burguesía de las ciudades ante su impopularidad ante los nobles, ahondando el antagonismo. Urraca se posicionó en contra de los burgueses, y siendo igual de testaruda, era mucho más "castellana" y prefería una corte nobiliaria, sin presencia burguesa. Cuando Alfonso I decidió unilateralmente apoyar el establecimiento de villas en el Camino de Santiago, territorio castellano y leonés, para alentar el comercio, se indignó la población local por la intromisión de un rey extranjero, y también la nobleza, que se sentía apoyada por la reina Urraca. Entre 1110 y 1111, el conde de Candespina trató de convencer a la reina de que el príncipe Alfonso debía convertirse en el rey legítimo de Castilla como uno hijo biológico de la reina de Castilla y León, para que apoyase el levantamiento de la nobleza contra Alfonso. Este hecho convirtió el conflicto político en una guerra abierta entre el monarca aragonés y las facciones castellanistas. El fuerte carácter de Alfonso I, su falta de mano izquierda en la política y el choque con el carácter de su mujer (las crónicas castellanas, siempre antialfonsíes, ponen en boca de Urraca que Alfonso «le pegó con manos y pies») llevaron al fracaso del matrimonio. Se dice que Alfonso temía que la proximidad entre el conde y su mujer fuera sinónimo de infidelidad de esta, razón por la que podría haberla repudiado, aparte de la nulidad de Roma, que el arzobispo de Toledo Bernardo de Sedirac también había pedido al Papa, además de que con la reina conspirando con sus enemigos era previsible la pérdida de sus derechos en Castilla y León. En 1112 el Papa Pascual II hizo oficial la amenaza de nulidad, excomulgándolos si permanecían juntos. Alfonso, profundamente religioso, aprovecho para repudiarla definitivamente. La situación se consolidó y oficializó en un concilio celebrado en Palencia en 1114. Alfonso pasaba a ser únicamente rey de Aragón y Navarra, a pesar de tantas luchas, y dirigió sus objetivos a la reconquista del Valle del Ebro, con la toma de Zaragoza, proyecto casi abandonado durante sus cinco años de matrimonio. No obstante, siguió utilizando el título de rey de Castilla y el de imperator totius Hispaniae producto de la tradición imperial de León.
Hizo testamento en favor de Dios en el año 1131 durante el asedio de Bayona, y más concretamente dejaba como herederas y sucesoras del reino a las órdenes militares de los Templarios, Hospitalarios y del Santo Sepulcro de Jerusalén. Este testamento lo renovó en Sariñena en 1134. En nombre del bien más grande e incomparable que es Dios. Yo Alfonso, rey de Aragón, de Pamplona [...] pensando en mi suerte y reflexionando que la naturaleza hace mortales a todos los hombres, me propuse, mientras tuviera vida y salud, distribuir el reino que Dios me concedió y mis posesiones y rentas de la manera más conveniente para después de mi existencia. Por consiguiente temiendo el juicio divino, para la salvación de mi alma y también la de mi padre y mi madre y la de todos mis familiares, hago testamento a Dios, a Nuestro Señor Jesucristo y a todos sus santos. Y con buen ánimo y espontánea voluntad ofrezco a Dios, a la Virgen María de Pamplona y a San Salvador de Leyre, el castillo de Estella con toda la villa [...], dono a Santa María de Nájera y a San Millán [...], dono también a San Jaime de Galicia [...], dono también a San Juan de la Peña [...] y también para después de mi muerte dejo como heredero y sucesor mío al Sepulcro del Señor que está en Jerusalén [...] todo esto lo hago para la salvación del alma de mi padre y de mi madre y la remisión de todos mis pecados y para merecer un lugar en la vida eterna...
Ante el disgusto de los nobles aragoneses y navarros por el resultado del testamento, los aragoneses llegaron al acuerdo de que en Aragón le sucediera su hermano Ramiro, que reinó como Ramiro II el Monje, mientras que en Navarra eligieron a García Ramírez, el Restaurador, hijo del infante Don Ramiro, que estaba casado con una hija del Cid. Se separaban así las coronas de Navarra y Aragón después de 50 años, quedando fijadas las fronteras definitivas entre Navarra y Aragón. Los restos del rey fueron exhumados por dos veces: en 1920 (durante un congreso de historia) y en 1985, para su estudio.