domingo, 10 de enero de 2010

El Sistema Monetario de las tierras de Castilla.

El maravedí, o morabetin, es el nombre que se dio al dinar de oro almoraví, moneda utilizada durante la Edad Media desde el año 1172 al año 1221. Se acuñaron nuevas monedas de un maravedí en vellón en el siglo XIV y XV, durante los reinados de Alfonso XI, Enrique II, Juan II y Enrique III. Estas monedas fueron el cruzado, el maravedí blanco o burgalés y la doble blanca, ya que la blanca era un fracción del maravedí equivalente a medio maravedí. En el siglo XIV, durante el reinado de Enrique III, se acuña una moneda llamada dinero que equivalía a la doceava parte de un maravedí y también se acuña la blanca equivalente a 5 dineros; es decir, en la práctica, medio maravedí.

El cambio entre la moneda cristiana y la moneda de los territorios musulmanes se establecía en la proporción de un maravedí por cada 10 dinares. Junto con el maravedí Fernando III acuñó, en la primera mitad del siglo XIII, la dobla equivalente a dos dinares y que se convirtió en la unidad áurea hasta el reinado de los Reyes Católicos. También se acuñaron medias doblas, llamadas mazmudinas, y cuartos de dobla con un valor de un dinar y medio dinar.

En el año 1333, Fernando III, establece el cambio de la dobla en 25 maravedís. A mediados del siglo XIV, Pedro I, establece la equivalencia de la dobla en los 35 maravedís de oro y en los 36 maravedís de plata Pedro I, como veremos, crea el real en plata y la equivalencia entre doblas y reales se establece en 12 reales por cada dobla. La dobla llegó a valer 100 maravedís de oro a finales del siglo XIV, a mediados del siglo XV su equivalencia en oro llegó a los 150 maravedís y en el año 1473 llegará a los 400 maravedís y en 1480 a los 480.

Durante el siglo XV y el siglo XVI el maravedí desaparece como moneda de uso para convertirse en moda de cuenta básica para cambios y equivalencias y en referente de valor. Reaparece su uso en el siglo XVII con acuñaciones en cobre, que se hacen cada vez más frecuentes desde el año 1599.

La otra moneda de uso en el Siglo XVIII fue el real. El real se acuña, como moneda de plata, en el siglo XIV durante el reinado del rey Pedro I con una equivalencia de 3 maravedís. A fines del siglo XIV su valor era de 8 maravedís, a mediados del siglo XV la equivalencia es de 15 maravedís. Durante el reinado de los Reyes Católicos el real pasa de valer 30 maravedís en 1475 a los 34 en 1497, que será el valor que establecen las Ordenanzas de Medina del Campo.

El real, como moneda característica de Castilla, tuvo distintas acuñaciones y valores ya que existieron emisiones de monedas de reales de a ocho, de a cuatro y de a dos, como múltiplos que acuña Carlos I.. Igualmente se acuñaron divisores en piezas de medio, cuarto y octavo real. Tanto múltiplos como divisores tienen la referencia del real de 34 maravedís desde el año 1497 La moneda de ocho reales recibía el nombre de peso o duro y se convertirá en la moneda fundamental del sistema monetario español a partir del siglo XVIII. Carlos I acuña en plata piezas de ocho reales que reciben el nombre de peso viejo, o real de plata viejo. En el año 1642, Felipe IV baja la proporción de plata y el real de a ocho pasa a llamarse real de plata nuevo. El real de plata vieja equivalía a 10 reales de plata nueva. Con la acuñación de vellón el real de a ocho de plata vieja se cambia por 15 reales de vellón y el de plata nueva por 12 reales. En el siglo XVIII, las equivalencias entre pesos y reales sufrieron nuevas modificaciones.

Al igual que el maravedí durante el siglo XVII en sus acuñaciones se cada vez más abundante el cobre y la denominación de vellón pasa a ser de uso popular.

Maravedís, reales y doblas son las monedas que circulan por las tierras de Castilla hasta finales del siglo XV. El maravedí y el real se mantendrán hasta el siglo XIX y serán los instrumentos de pago más utilizados para las actividades comerciales.

Los Reyes Católicos realizaron una reforma del sistema monetario recogido en las Ordenanzas de Mediana del Campo de 1497. En el año 1475 acuñan el excelente de Granada en oro, según el modelo del ducado veneciano, con un valor de 375 maravedís o lo que es lo mismo 11 reales y un maravedí o 750 blancas. También se acuñaron medios excelentes y cuartos de excelente. Al excelente después de la acuñación de los ducados en el año 1477 se le llama también doble ducado. El excelente sigue en circulación hasta el año 1632, aunque conocido como trentín por equivaler a 30 reales. Es la unidad áurea hasta 1537. También se le llamaba doble ducado.

Igualmente estos monarcas sustituirán la dobla castellana y el florín aragonés por el ducado, en el año 1477, con un valor de medio excelente. El ducado será la base del sistema monetario en oro y funcionará como patrón internacional de intercambios. Al ducado también se le llamará florín a principios del siglo XVII. También se acuñan cuartos ducados que equivalían a medio escudo.

Con respecto al real, como ya hemos recogido, los Reyes Católicos establecen su valor en 34 maravedís, equivalencia que no se modificará hasta el siglo XIX cuando desaparece esta moneda.

En España, se mantiene la proporción en oro de los ducados, mientras que baja en el resto de Europa, por ello los ducados que salían de nuestro territorio eran acaparados por que valía mas el oro de su ley que el valor de cuenta de la moneda. Debido a esta situación, Carlos I acuña en el año 1535 el escudo con una equivalencia a 350 maravedís. El escudo quedará como nueva moneda de cuenta y unidad en oro. Felipe II acuña escudos en plata para los Países Bajos. Desde el año 1738, durante el reinado de Felipe V hasta el de Fernando VII, circula el escudillo en oro o medio escudo, que fue una moneda muy popular.

El nombre de escudo hace referencia a que en el reverso de todas las monedas acuñadas aparece el escudo de referencia del territorio donde se realiza la emisión. Es una moneda inspirada en la moneda francesa Écu. Desaparece como moneda en uso en el reinado de Isabel II. El intercambio de escudos y ducados por maravedís se

La unidad áurea, base de las acuñaciones en oro, será el excelente hasta el año 1477, año en que se acuñan los ducados y se convierten en la moneda de referencia para los cambios y para fijar los precios y los intercambios con Europa y América. La acuñación de excelentes en oro se mantiene cuando ya el ducado sea la moneda patrón en el sistema áureo. La acuñación de los escudos en el año 1535 hace que estos se conviertan en la nueva monedad base de cuenta de las acuñaciones en oro y sustituirá desde el año 1537 al excelente y al ducado como unidad áurea. A pesar de estos cambios en la unidad base de referencia de la moneda de oro, los ducados serán la moneda en la que se hacían los asientos y los empréstitos de las Hacienda de Castilla con los banqueros europeos y así se mantendrá durante toda la edad moderna. El valor del ducado se equipara con el del escudo en 350 maravedís para la contabilidad oficial y de la administración, para los pagos de sueldos, los arrendamientos y las compras y ventas entre particulares.
En los siglos XVI, XVII y XVIII circula un sistema monetario con acuñaciones en oro, plata y aleaciones con más o menos porcentaje de cobre, que serán las emisiones en vellón.

Como hemos visto durante estos siglos se produjeron multitud de cambios en el sistema monetario, tanto en las monedad usadas en las actividades cotidianas como en las utilizadas de valor de referencia.

A lo largo del siglo XVII se impone la acuñación monetaria en cobre. La moneda de vellón, aleación de un metal precioso con otros metales, es el recurso de la Hacienda Real para evitar la fuga de metales nobles, pues en muchas monedas tenía mas valor el metal acuñado que la moneda en circulación. Esta situación se agrava con la quiebra de la Hacienda en el año 1575 y con las bancarrotas que se suceden en el siglo XVII. La solución fue que la aleación fuera perdiendo porcentaje de plata.

Entre los años 1599 y 1625, durante el reinado de Felipe III, se acuñaron gran cantidad de monedas de cobre puro, aunque entre 1608 y 1617 se prohíbe la emisión de monedas de vellón. En el año 1627 se vuelve a realizar esta prohibición y se quiere recoger todo el vellón y cambiarlo por plata. Para realizar el cambio del vellón por la plata se crea La Diputación para el consumo del vellón que fracasa en sus planes de conversión y apenas tiene un año de vigencia. Ante la imposibilidad de realizar esta operación y terminar con la circulación del vellón se acuerda, en 1628 durante el reinado de Felipe IV, reducir el valor nominal del vellón en un 50%, por lo que el cambio de la moneda de vellón por la de plata suponía el doble de cantidad de vellón; dos reales de vellón por uno de plata. A pesar de todos los intentos de suprimir la acuñación de vellón y evitar su circulación, esta moneda se mantiene a lo largo de todo el siglo XVII y continuará su uso en el siglo XVII, por lo que en el año 1686 Carlos II crea el real de vellón como unidad de cuenta. El término vellón se convertiría en sinónimo de moneda de poco valor; en sinónimo de calderilla. La moneda de vellón circulaba sobre todo en el campo

En los siglos XVI y XVII circularon el real acuñado en plata y en vellón y la blanca de vellón. El real equivalía a 34 maravedís y si el era de plata el cambio era por el doble de maravedís. Otras monedas en cobre eran el ochavo, la moneda castellana de 8 maravedís y el cuarto con un valor de 4 maravedís. La blanca era la moneda con un valor más reducido ya que sólo equivalía a medio maravedí.

En el año 1718 se recoge la moneda de vellón y se fabrica otra redonda y de cobre puro y en 1772, Carlos III recoge, definitivamente, toda las acuñaciones de moneda de vellón, que durante el siglo XVII había sido la moneda que circulaba mayoritariamente y era el único dinero al alcance de los campesinos castellanos.

Las monedas de referencia durante el siglo XVIII serán el real de 34 maravedís, el real de a dos, la peseta de cuatro reales y el escudo de oro. El escudo de oro equivalía a 40 reales de vellón. En el año 1728, se acuña en plata el llamado peso fuerte con una equivalencia de 10 reales de plata. Desde 1737 este peso también se cambiará por 20 reales de vellón. El peso es una moneda que circulaba en Cataluña y Valencia con el nombre de Duro y es la que adoptará el sistema monetario español junto con la peseta en el siglo XIX.

El sistema monetario español adoptará en el siglo XIX monedas con valores y nombres que eran utilizadas en los territorios de Cataluña y Valencia como son el duro y la peseta.

La peseta tiene su origen en una moneda catalana de plata que tenia el valor de 2 reales de plata y 4 reales de vellón. Su elección se basa en ser la moneda que más se asemejaba a la moneda francesa. Hasta el año 1937 se realizaron emisiones en plata y posteriormente se hicieron acuñaciones de pesetas en latón. Desde 1944 se acuñaron pesetas en una aleación de cobre, aluminio y níquel. La etimología de peseta también se ha hecho derivar de la palabra catalana peça, que quiere decir pieza.

En el año 1854 se pasó a la contabilidad monetaría en céntimos. Se emitieron monedas de 10, 5, 2 y 1 céntimo, acuñadas en bronce. Circulaban igualmente el duro de 20 reales, la media peseta de dos reales y el real. En 1864 la base del sistema monetario era el escudo, el doblón y los céntimos.
Lo expuesto corresponde a las variaciones que sufrió el sistema monetario en el reino de Castilla. Cada reino de la Corona tenía su propio sistema monetario y monedas que dejaban de acuñarse o de circular en Castilla y lo seguían haciendo en otros reinos sufriendo variaciones en su valor. A veces, circulaban monedas con variaciones regionales y locales, lo que daba lugar a la existencia de monedas sin valor fuera de su territorio. A estas monedas para poder ser usadas fuera de su zona de circulación había que agregarles la llamada “prima” o “premio”, que se estimaba en un 15% más del valor de la mercancía.
En la reforma monetaria de 1854 se establece como unidad de cuenta la peseta de plata de 100 céntimos y cuatro reales. Desaparecen monedas como el doblón isabelino de oro que valía 100 reales, los cuatro duros isabelinos, equivalentes a 80 reales, y el escudo isabelino o medio duro de plata, con un valor de 10 reales.

Con relación a las unidades de peso y medida ocurría lo mismo que ya hemos indicado con el sistema monetario y existía una desorganización total. Se utilizaban distintas medidas y monedas con variaciones locales. Además existían un gran número de medidas sin valor preciso como las denominadas cestos, zurrones, talegos, aranzadas, yugadas, obradas, cuerdas, cargas. La carga, que se utilizaba para cuantificar las cantidades de uva y leña, equivalía en Castilla a 5 arrobas y el quintal tenía una equivalencia de 100 libras.

La fanega, la unidad más extendida en España para la medida de áridos, hemos visto que se utilizaba como unidad de superficie, de peso y también de capacidad equivaliendo a 54,2 litros.