domingo, 17 de enero de 2010

Madrid. Barrío de La Moreria. Los mayorazgos de los Vargas.

Escudo en la calle del Pretil de San Esteban, junto a la cuadra de San Isidro. Palacio del Nuncio.

Ocupa el solar de unas casas que pertenecieron, entre otros, a Doña Mencia de la Cerda, marquesa del Valle, a doña Catalina Luján, y al famoso Rodrigo Calderón, marqués de Sieteiglesias. En 1681, parte de estas casas fueron adquiridas por la Santa Sede para establecer el Tribunal de la Nunciatura, siendo remodeladas para tal efecto por el arquitecto José de Villarreal, como así demuestra una inscripción en el zaguán de la entrada.

Posteriormente, a principios del siglo XVIII, el nuncio Pompeyo Aldrovandei compró el resto de la propiedad, encargando a Manuel de Moradillo una reforma que realizada entorno a 1735 dio al edificio su aspecto actual. En 1771, el edificio pasó también a albergar el Tribunal de la Rota, que había sido creado por el papa Clemente XIV el 26 de marzo de ese mismo año, y que se situó en la planta baja del Palacio.Ambas instituciones convivieron en el edificio hasta 1932, año en que la II República secularizó el matrimonio y negó toda eficacia a las sentencias de los tribunales eclesiásticos, con lo que la Rota quedo suprimida hasta que el 7 de abril de 1947, y a petición del gobierno español, el papa Pío XIII volvió a restablecer el Tribunal. En 1958, el edificio fue adquirido por el Ministerio del Ejército, quien dos años después instaló en él las dependencias de la Vicaría General Castrense, excepto en el ala derecha de la planta baja, que fue cedida a la iglesia para que siguiera albergando la Rota.

Su denominación actual se produjo el 1 de enero de 1988, cuando la Vicaría se transformó en el Arzobispado Castrense de España. En cuanto al edificio, se trata del típico palacio del barroco madrileño, aunque presenta elementos de influencia italiana y francesa. La fachada principal, que da a una pequeña plazoleta, presenta una portada almohadillada aunque sencilla. La planta se distribuye entorno a un patio rectangular al que se accede por un vestíbulo de entrada, y en donde destaca la galería de la planta baja cubierta por bóvedas de arista.

Actualmente se encuentra protegido por el Plan Especial de Protección y Conservación de Edificios y Conjuntos de Interés Histórico-Artístico de la Villa de Madrid.

En esta manzana, esquina con la callle del Almendro hacia la plaza de Puerta Cerrrada, estaba la primitiva iglesia de San Pedro el Viejo-traslalada a la actual-, pegada a la cerca de Madrid.

Rodrigo Calderón de Aranda, I marqués de Siete Iglesias casa con Inés de Vargas y Trejo, luego II condesa de Oliva de Plasencia. Es el actual, José Antonio de Vargas-Zúñiga y Sanchiz, marqués de Siete Iglesias. Hijo de Antonio Vargas-Zúñiga y Montero de Espinosa, marqués de Siete Iglesias.

Calderón, que era un hombre activo, ambicioso y sin escrúpulos, se convirtió en el hombre de confianza del duque de Lerma. Cuando la reina Margarita murió durante un parto en octubre de 1611, Calderón fue acusado de haber utilizado brujería contra ella. En 1612 fue enviado a una misión especial en Flandes, y a su regreso se le nombró "Marqués de las Siete Iglesias" en el año 1614. Cuando el Duque de Lerma fue conducido hasta la corte en 1618 por las acusaciones de su propio hijo, el Duque de Uceda, y del confesor del rey, el dominico Aliaga, Calderón fue utilizado como chivo expiatorio para calmar las voces del pueblo. Fue arrestado y el día 7 de enero de 1621 fue salvajemente torturado para conseguir que confesase los cargos que contra él pesaban de asesinato y brujería.

Rodrigo Calderón de Aranda, 1578-1621, I conde de la Oliva de Plasencia, I marqués de Siete Iglesias, señor de las Villas de Rueda, comendador de Ocaña en la orden de Santiago, capitán de la Guardia Alemana de Felipe III, alguacil mayor de la Chancillería de Valladolid. Secretario de cámara del Duque de Lerma y privado del Rey Felipe III. Embajador en Flandes. Casó en Valladolid con Inés de Vargas y Trejo, heredera del señorío de la Oliva de Plasencia.

Rodrigo Calderón de Aranda, enemigo del conde-duque de Olivares, cayó en desgracia y fue ejecutado en la plaza Mayor de Madrid el 21 de octubre de 1621 durante el ya reinado de Felipe IV. Su valiente, gallarda y arrogante actitud ante la muerte le hizo merecedor del refranero español: "Tener más orgullo que Don Rodrigo en la horca", aunque no fue ahorcado, sino degollado, al ser éste de condición noble.

El Jardín del Príncipe de Anglona se encuentra en la plaza de la Paja. Constituye una de las escasas muestras de jardines nobiliarios del siglo XVIII que se conservan en la capital. Pertenece al Ayuntamiento de Madrid, que se encarga de su gestión, mantenimiento y conserva.

La historia de este conjunto ajardinado se vincula a la del Palacio del Príncipe de Anglona, edificio construido hacia 1530 como residencia de Francisco de Vargas, consejero de los Reyes Católicos y de Carlos I, si bien su aspecto actual corresponde a una reforma efectuada en el año 1802.
El jardín fue trazado en el siglo XVIII, junto a uno de los laterales de la casa palaciega. Se debe a un diseño de 1761 realizado por Nicolás Chalmandrier, quien proyectó una pequeña zona de recreo de estilo neoclásico con toques característicos de los jardines hispano-árabes. Fue objeto de una transformación a principios del siglo XX.
Tanto el jardín como la casa palaciega toman su nombre de Pedro de Alcántara Téllez-Girón, príncipe de Anglona y marqués de Javalquinto, quien habitó en el lugar en el siglo XIX. Otro de sus moradores fue el conde de Benavente.
En los dos primeros tercios del siglo XX, el recinto quedó en el abandono. En 1978 pasó a manos del Ayuntamiento de Madrid, que tiene instaladas varias dependencias municipales en el interior del palacio. En el siglo XXI, se procedió a la reconstrucción del conjunto ajardinado, quedando abierto al público en el año 2002.


El Jardín del Príncipe de Anglona se sitúa sobre un terraplén artificial, que salva el fuerte desnivel existente entre la plaza de la Paja y la calle de Segovia. Ocupa una superficie aproximada de 500 m², cuyo perímetro está cercado mediante una tapia de ladrillo, sobre la que descansa, en algunos tramos, una celosía.

Consta de tres áreas bien diferencidas. El cuerpo central, el más importante, está dividido en cuatro cuadrantes, entre los cuales se abren varios caminos, realizados con ladrillos aparejados a sardinel. En la intersección de los mismos, aparece situada una fuente de reducidas dimensiones, labrada en granito. Está formada por una columna y una taza, que presentan relieves en espiral, a modo de columna salomónica.

Junto a la parte de la tapia que da la calle de Segovia, se extiende un paseo, arropado por una pérgola, que cuenta con una rosaleda. En una de las esquinas de la parcela, junto a la plaza de l Paja, se alza un cenador de hierro, que conforma la tercera de las áreas distinguidas.

El jardín combina árboles de grandes dimensiones con pequeños parterres, delimitados por setos de boj y con plantaciones de pradera.



Jardín del palacio de Bevante, también de Javalquinto o Anglona.

Plaza del Alamill0. La plaza tiene su origen en la Alta Edad Media. En el arrabal de San Pedro, donde residían los mozárabes. Con la conquista cristiana de la villa, el lugar pasó a ser habitado por la población morisca y empezó a ser conocido como Barrio de la Morería.

Es muy posible que la plaza del Alamillo fuese el centro administrativo de esta zona, al ubicarse aquí el alamud o alamín, un tribunal mediante el cual los moriscos impartían justicia, y probablemente también el ayuntamiento musulmán, si bien no existe constancia histórica de ambos extremos. La morería madrileña poseía su propia organización institucional, diferente a la cristiana, y la aljama era su órgano de gobierno.

Según esta hipótesis, el topónimo del recinto provendría del citado vocablo árabe, que, tras el proceso de cristianización y por similitud fonética, terminó derivando en alamillo. Otras teorías sostienen que el nombre sencillamente hace referencia a la especie arbórea del álamo que preside la plaza.

Frenta e esta manzana el Jardin de Javalquinto.
Escudo en Fachada de lo que fue el colegio de San Ildefonso. En esta manzana se situa la casa de los Vargas, donde realmente se encontraba el pozo del milagro de San Isidro. Las casas de los Vargas, se localizan en las manzanas que rodean la plaza de la Paya, en torno a la iglesia de San Andrés y la Capilla de Obispo. Calle de Alfonso VI, 1.Este colegio ubicado primitivamente en el número 3 de la Carrera de San Francisco es el más antiguo de Madrid, fue también conocido como Colegio de Niños de la Doctrina y popularmente llamado de los Doctrinos. No se sabe la fecha exacta de su fundación, aunque gran parte de los cronistas y estudiosos de estos temas se han atrevido a datarlo en el último tercio del siglo XV, coincidiendo con el reinado de los Reyes Católicos, y posiblemente influenciados por la cronología que recogen los Anales de Madrid de Antonio León Pinelo, que va desde los años 447 a 1658.

Sea cual fuere la fecha de su fundación, lo cierto es que hasta el siglo XIX este establecimiento contaba con cuarenta plazas para educar exclusivamente a niños naturales de Madrid, de legítimo matrimonio, que fueran huérfanos por lo menos de padre, con el fin de enseñarles a leer, escribir y contar, para luego facilitarles un oficio. De sus funciones administrativas, necesidades pecuniarias y la elección y control de su personal se encargaba el Ayuntamiento de Madrid por medio de un patronato. Para contribuir a la manutención del colegio, los niños eran contratados para cantar en los entierros, en las procesiones y otras ceremonias religiosas. A finales del siglo XVIII también se empezó a contratar a los niños para que cantaran los números del sorteo de la lotería, tradición que aún sigue presente en nuestros días y ha convertido el colegio en una institución muy popular.
Esquina de la Plaza de la Paja con la calle de Alfonso VI. La manzana está cerrada hacia la calle de Segovia por la calle del Toro y la plaza del Alamillo

En enero de 1848 se redefinieron sus estatutos, fue declarado establecimiento municipal de primera enseñanza y continuó bajo tutela municipal con prácticamente las mismas condiciones: los niños huérfanos ingresaban en el centro entre los 7 y 9 años de edad, aprendían los conocimientos elementales, algunas nociones de gramática, aritmética, geometría y dibujo, y acabada su formación, cuando cumplían los 15 años de edad, se les facilitaba el desempeño de un oficio y se reservaba para los más meritorios la provisión de algunos puestos en la administración municipal.En 1884 el colegio fue trasladado a la calle Alfonso VI a unas casas que habían sido del marqués de Benalúa, pues su antigua ubicación de había quedado pequeña al ir creciendo el número de niños que dependían de esta institución. Así, en 1911 sostenía a 90 huérfanos varones y en las áreas de aprendizaje se habían incluido la música, la taquigrafía y la gimnasia, costando la manutención del centro 85.000 pesetas anuales que pagaba el ayuntamiento. De aquí eran y son los niños que cantan la Loteria de Navidad.

Por cuanto por parte de los del Concejo justicia y regimiento de la Villa de Madrid, nos fue hecha relación que vosotros juntos en vuestro concejo habíais dejado orden como se recojan y doctrinen los muchachos pobres y perdidos que andan por esa villa como se hizo en la de Valladolid y que esto no se puede sustentar sin... alguna limosna para su mantenimiento... esa Villa puede dar de sus propios hasta en cantidad de cincuenta fanegas de trigo...".

Las noticias que tenemos sobre el colegio de San Ildefonso son aún mas lejanas que la carta, en la parte superior, de Carlos I, pues existía un documento fechado en 1478 firmado por los Reyes Católicos. Podemos, pués, afirmar que este centro educativo ha cumplido largamente el medio milenio y que hoy, en día, sigue.

Cumpliendo la función para la que fue creado: "se recojan y doctrinen los muchachos pobres y perdidos que andan por esa villa...". Tras ocupar durante lo largo de la historia distintos edificios, se instalan en el edificio actual el 16 de junio de 1884, en lo que fue el Convento que dejaron libre las Salesas Reales. Quizá la causa de que el Colegio de San Ildefonso sea más conocido por los madrileños actuales, está en las intervenciones de los niños en los sorteos de la Loteria Nacional. El primer sorteo en el que toman parte como extractores los niños del Colegio fue en 9 de marzo de 1771.

Haciendo esquina con la plaza de la Paja y la calle de Alfonso VI, se encuentra el Colegio de San Ildefonso desde finales del siglo XIX. Esta calle fue dedicada al monarca que conquistó Madrid en el año 1085, nombre que se sustituyó en 1878, por su anterior denominación de calle del Aguardiente, pues aquí se podía comprar todo lo relacionado con esta bebida. Existen documentos en el Archivo de la Villa de Madrid, que denotan un nombre todavía anterior: la calle de San Isidro, al parecer, era el camino seguido por él desde su casa a la desaparecida puerta de Segovia. Tiene su comienzo en la plaza del Alamillo y la forman casas sencillas de 4 alturas, con unas simples barandillas de hierro, entre las que es interesante la nº 8, fechada en 1871, con unos balcones que quizá sean los más antiguos del barrio.

El actual solar perimetral del Colegio, estuvo ocupado con anterioridad por el palacio de don Beltrán de la Cueva, perteneciendo desde 1510, a los Luxanes de la Morería y quizá residencia de Juan de Luxán, el Bueno. En el siglo XIX, el inmueble era propiedad del conde de Benalúa, pasando después al conde de Revillagigedo.

Fue más tarde el antiguo palacio-residencia provisional de las Salesas Reales, pero se trasladaron del edificio, al ser forzadas a desalojar el monasterio de doña Bárbara de Braganza en 1870. Una vez abandonado el edificio, se realizaron unas importantes obras de reconstrucción y adaptación, -ya que presentaba unas deficientes condiciones en lo referente a la seguridad estructural y a la habitalidad-, para traslado definitivo del Colegio de San Ildefonso y que comenzó a funcionar plenamente en 1884.

En los albores de la década de los años 90, el Colegio de San Ildefonso sufre una remodelación completa, obligada en gran medida, por el estado ruinoso de forjados, tejados y cimientos principales que sustentaban el mismo edificio. En su interior, al margen de las instalaciones propias de su condición, existíó en su momento una capilla neogótica de una sola nave (actualmente Salón de Actos) y algunas obras de arte, en buena parte depositadas por el Museo Municipal. Entre ellas, se puede destacar un Cristo de Antonio Pereda, Santa Ana enseñando a la Virgen, una Última Comunión de Santa Teresa, la Inmaculada y un escudo de armas de España realizado en madera, junto a un grupo de marfil que perteneció al Oratorio Municipal.

Escudo del Obispo Gutierre de Vargas en la puerta baja de acceso a la conocida como Capilla del Obispo. Junto a ella y cerrando la plaza de la Paja el que fue casa de Francisco de Vargas, hoy centro de enseñaza.

Está situada sobre el solar de una antigua capilla erigida posiblemente por Alfonso VIII en la manzana 129, propiedad casi toda ella de uno de los linajes más poderosos de Madrid, los Vargas. Fue precisamente un miembro de esta familia, Francisco de Vargas, quien ordenó en 1520 la construcción del templo. Las obras fueron acabadas en 1535 por su hijo, Don Gutierre de Vargas y Carvajal, Obispo de Plasencia, y de quien la capilla ha adoptado el nombre con la que es más conocida, ya que su advocación verdadera es la de San Juan de Letrán.

Tras la concesión a la familia Vargas de la custodia del cuerpo de San Isidro en 1518, las reliquias del Santo fueron trasladados a esta capilla desde la contigua parroquia de San Andrés, por lo que hasta 1544, año en que los restos vuelven a su antiguo emplazamiento, la Capilla del Obispo fue también conocida como la Capilla del Cuerpo de San Isidro.

Este magnífico edificio, monumento nacional desde 1931, representa la transición del gótico al renacimiento. Levantado como una capilla de la parroquia de San Andrés, con la que en un principio estaba comunicada, destaca en el interior el prodigioso retablo mayor, obra del palentino Francisco de Giralte, discípulo de Berruguete, quien lo concluyó hacia 1550 con la colaboración de Juan Villoldo el mozo, quien realizó la policromía.

En 1544, una vez retirados los restos de San Isidro, la capilla pasó a ser panteón de los Vargas, de acuerdo a una práctica entonces común entre las más notables familias de la oligarquía madrileña. A tal efecto Francisco Giralte también construyó el sepulcro del obispo fundador, con su estatua orante y la de sus familiares; así como los sepulcros de los padres de éste, Francisco de Vargas e Inés de Carvajal, situados a ambos lados del presbiterio. Recientemente ha sido restaurada.


Placa en la fachada de lo que es ahora el Museo de los Origenes, conocidas sus dependencias como Casa de San Isidro, por ser de Iván de Vargas, su amo, luego del conde de Paredes. Pero se pone en duda que residera aqui el Santo y si en una casa unos metros más abajo, hacia la calle de Segovia, en las casas de Ivan de Vargas, calle de Alfonso VI, que ocupaban en parte la manzana que ahora ocupa el colegio de San Ildefondo, frente a la casa de los Lasso de Castilla y luego del Infantado.

Popularmente es conocido como Casa de San Isidro, porque según la tradición fue la casa de los Vargas, amos de San Isidro, y en ella vivió y murió el Santo. Enterrado en la contigua iglesia de San Andres. Reconstruida por la familia de los Lujanes en el siglo XVI, más tarde sirvió como alojamiento del Nuncio hasta mitad del siglo XVII, que pasa a las casas frenta a la iglesia de San Pedro el Viejo, como se habló. Desde esta fecha y hasta mediados del siglo XIX fue propiedad de los condes de Paredes. La capilla dedicada al Santo se edificó a principios del siglo XVII, siendo reformada en 1663, y posteriormente entre 1783 y 1789, época de la que data su decoración actual. El conjunto fue demolido en 1974 y reconstruido por el Ayuntamiento de Madrid, integrando las partes conservadas: el patio, el pozo del milagro y la capilla.

El templo actual de San Pedro el Viejo se construyó en el siglo XIV, época a la que pertenece su torre mudéjar, sin duda su elemento arquitectónico más destacado. Ha sido objeto de varias reformas, que han alterado significativamente su aspecto primitivo. Una de las más importantes fue la realizada en el siglo XVII, mediante la cual se dotó al conjunto de un cierto aire unificado. Capiteles de pizarra, nos dan idea de los cambios sufridos al exterior por este templo. En San Pedro el Viejo se guarda una de las imágenes religiosas de mayor devoción entre los católicos madrileños. La talla de Jesús el Pobre, llamado así para diferenciarlo de la imagen de Jesús de Medinaceli, que se venera en la iglesia del mismo nombre. Se debe a Juan de Astorga, que la esculpió en Sevilla a finales del siglo XVIII. En 1812, fue trasladada desde la capital andaluza a su actual ubicación, como regalo de la duquesa-viuda de Santiesteban y Medinaceli, quien la conservaba en el palacio de la Casa de Pilatos.Jesús el Pobre sale en procesión cada Jueves Santo, en uno de los desfiles más multitudinarios de la Semana Santa madrileña. En el interior del templo se encuentra la capilla del Cristo de las Lluvias, que tiene su origen en una tradición de la Edad Media. Según la leyenda, el repicar de las campanas conseguía desviar las tormentas y, con ello, se lograba salvaguardar las cosechas de las adversidades meteorológicas.

La torre es el único elemento que mantiene un estilo concreto, el mudéjar, y aún así no aparece en estado puro, pues está rematada con un campanario de traza herreriana. Fue erigida en ladrillo, a mediados del siglo XIV. Junto a la base de la torre, aparece una sencilla portada (actualmente sellada), que podría datar del siglo XVI, como la capilla de los Luján; hoy llamada del Perpetuo Socorro. En la capilla de los Luján estuvo el sepulcro de fray Antonio de Luján, obispo de Mondoñedo, mandado construir por Francisco de Luján, su hermano, que se conserva en la actualidad en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.


Inicialmente era conocida como san Pedro el Real, pero perdió esta denominación en 1891, cuando dejó de ser parroquia a favor de la iglesia de la Paloma. Esta última iglesia pasó a llamarse entonces san Pedro el Real y, para evitar confusiones, popularmente se bautizó al edificio de la calle del Nuncio como san Pedro el Viejo. Confusión que, en la práctica, nunca ha existido, ya que los madrileños designan a la iglesia de la Paloma con este nombre y no con su denominación oficial.La parroquia de san Pedro el Viejo tiene un origen incierto. Aparece citada en el Fuero de Madrid de 1202, en referencia a una antigua edificación existente en la actual plaza de Puerta Cerrada, y se sabe que, en el siglo XIV, fue trasladada a un nuevo edificio, en su actual emplazamiento, no muy lejos de la citada plaza. Es muy posible que éste se construyera sobre la antigua mezquita del arrabal morisco de la Morería.



Posadas en la Cava Baja.

SIGLOS VIII-XIII: Linajes de la época de la dominación musulmana: Ramírez.- Llegados con los conquistadores de Alfonso VI: Gato.- Vecinos de Madrid ya en el siglo XI: Vargas (casa solariega).- Segunda mitad del siglo XIII, reinando Alfonso X: Madrid (casa solariega).

Vargas. Es la más vasta de las familias madrileñas, sólo comparable a las de los Luján, los Ramírez y los Zapata. Es "casa solariega desta Villa desde el tiempo que se ganó a los moros por el Rey don Alonso Sexto".- La rama principal tuvo su morada en la parroquia de San Pedro, y a ella perteneció Diego de Vargas el Cojo, regidor de Madrid durante el reinado de Isabel y Fernando. Su hermano el licenciado Francisco de Vargas, alcaide de Trujillo y poseedor de más de treinta oficios en la Casa Real, fue uno de los madrileños más destacados de esta época. Al decir de Quintana, don Fernando encontró en él su a más eficaz consejero: "Tuuo tanta satisfación el Católico de su persona, que no sucedía delito alguno por secreto y dificultoso que fuesse de aueriguar, que no remitiesse la aueriguación dél a Francisco de Vargas, de donde vino a quedar por modo de refrán en Castilla el dezir en materias dudosas y obscuras: Auerígüelo Vargas".

Fundó el licenciado dos mayorazgos, en cabeza de sus hijos primero y tercero, pues el segundo, Gutierre de Vargas y Carvajal, escogió el camino de la religión y fue obispo de Palencia.- El primero, el de Diego de Vargas, es conocido como casa de los marqueses de San Vicente, y habitó el caserón que, colindante con la capilla del Obispo, tiene su fachada a la plaza de la Paja; anteriormente había pertenecido a Ruy González Clavijo, el gran viajero madrileño, y fue demolido a principios del siglo XX.-

Otra de las ramas de esta familia fue la de Iván de Vargas, amo de San Isidro; tuvo unas casas en la calle del Almendro, en las que se conservaba "un aposento bajo con su chimenea a lo antiguo, en que se cree vivió el bendito Santo", y otras en la calle del Doctor Letamendi, enfrente de San Justo, en las que aún se puede leer un rótulo que recuerda su origen.

El Madrid de San Isidro.