lunes, 29 de octubre de 2012

Isabel de Castilla.

Tomado de mcnbiografias.

Madrigal de las Altas Torres,,Ávila 22-4-1451 - Medina del Campo, Valladolid, 26-11-1504
 
Reina 1474 - 1504
,
Isabel de Castilla. Conquistato de Granada, de 1482, por Pedro Marcuello.

según las descripciones que han llegado de la Reina Católica, sin duda debió de ser ciertamente bella y atractiva. Pulgar la describía como una dama de hermosas proporciones, de piel blanca, de cabellos largos y rubios, de ojos verdes; sin embargo, es en la Crónica incompleta, atribuida a Juan de Flores, donde se encuentra la descripción más cualificada de la reina Isabel:
La prinçesa tenía los ojos garços, las pestañas largas, muy alegres, sobre gran honestad y mesura; las cejas altas, enarcadas, acompañando mucho a la beldad de los ojos para lo que fueron compuestas; la nariz de aquel tamaño y façión que mejor para hazerle el rostro bello se pornía; la boca y los labios pequeños y colorados, los dientes menudos y blancos; risa, de la qual era muy templada; [...] la cara tenía muy blanca y las mexillas coloradas, y todo el rostro muy pintado y de presençia real; la cabelladura tenía muy larga y ruvia, de la más dorada color que para los cabellos mejor pareçer se demanda, de los quales ella más vezes se tocava que de tocados altos y preçiosos, y así, siempre con maestrada mano los ponía en orden al rostro como a las figuras de su cara con ellos mejor luziesen; la garganta tenía muy alta, llena y redonda, como las damas para mejor pareçer lo demandan; las manos tenía muy estremadamente gentiles; todo el su cuerpo y persona el más ayroso y bien dispuesto que muger humana tener pudo, y de alta y bien compasada estatura, así que persona y rostro ninguna en su tiempo lo tovo en la perfeçión y gentileza más apurado...
(Crónica incompleta..., pp. 88-89).


Un mes antes de su muerte, el humanista Pedro Mártir de Anglería escribía Íñigo López de Mendoza, Conde de Tendilla, y efectuaba una descripción de la enfermedad:
El humor se ha extendido por las venas y poco a poco se va declarando la hidropesía. No le abandona la fiebre, ya adentrada hasta la médula. Día y noche la domina una sed insaciable, mientras que la comida le da náuseas. El mortífero tumor va corriéndose entre la piel y la carne.
(Mártir de Anglería, Epistolario..., II, pp. 85-86)

En principio, la fiebre y el peligro de deshidratación (hidropesía) pudiera ser indicativo de diabetes, pero también de estar afectada por la peste, pues la villa de Medina del Campo y sus alrededores sufrieron durante aquel año un rebrote de la terrible pandemia medieval. Pero la referencia a la existencia de un tumor despeja todas las incógnitas, pues posteriormente se supo que la Reina Católica sufría una "fístula en la partes vergoñosas e cáncer que se le engendró en su natura" (Junceda Avello, op. cit., I, p. 44). A juzgar por estas informaciones, parece concluyente que Isabel I sufría un cáncer de útero o de recto, al que por su conocido y ya mencionado sentido del pudor, se negó a poner todo el remedio posible. Los médicos que la atendieron eran los más notables del reino, como Juan de Guadalupe, Nicolás de Soto y Mateo de la Parra, y si no pudieron hacer nada por salvar su vida, o por aliviar sus últimos momentos, desde luego no fue porque escatimasen medios.