miércoles, 3 de octubre de 2012

Roncesvalles. Navarra


A los pies del puerto de Ibañeta, donde el Pirineo Occidental comienza a elevar sus cimas y cerca de la amplia llanura de Auritz/Burguete, se sitúa Orreaga/Roncesvalles, paso natural del Pirineo donde tuvo lugar la Batalla de Roncesvalles (778), una de las más dolorosas derrotas del ejército franco en la que Carlomagno lloró la muerte de Roldán, el mejor caballero de Francia. 


El conjunto monumental de la Colegiata de Orreaga/Roncesvalles, antiguo hospital de peregrinos y tumba del rey Sancho VII el Fuerte, es un excelente ejemplo de arquitectura medieval.





Situado en la merindad de Sangüesa, en la comarca de Auñamendi y a 47 kilómetros de Pamplona

El municipio de Roncesvalles limita por el norte, en el collado de Ibañeta, con el de Valcarlos, municipio navarro transpirenaico, y por el sur con el de Burguete, la que fue primera población de la comarca, llamada entonces Burgo de Roncesvalles. Al este limita con el municipio de Orbaiceta.

Su población en 2011 fue de 24 habitantes.



A la entrada de Roncesvalles nos encontramos con la Capilla de Sancti Spiritus y la capilla de Santiago o de los peregrinos.


Capilla de Sancti Spiritus

También conocida como Silo de Carlomagno por suponerse que su origen se debe al enterramiento de combatientes francos caídos en el 778. Se remonta al siglo XII, por lo que está considerada la edificación más antigua de Roncesvalles.
El Sancti Spiritus hay que considerarlo templo funerario, pero no fue lugar de enterramiento perpetuo en el medievo. Era el recinto en que se oficiaban misas por los peregrinos fallecidos en el hospital que, enterrados en otro lugar, una vez transcurrido un tiempo sus restos eran depositados en el osario bajo la capilla exenta.

Iglesia de Santiago o de los Peregrinos

Es una pequeña iglesia gótica del siglo XIII, situada junto al Silo de Carlomagno. En su interior hay una figura del Apóstol Santiago. 

Fue utilizada como parroquia hasta el siglo XVIII. 
Quedó sin culto durante un largo periodo hasta que fue restaurada por Florencio Ansoleaga en el siglo XX, quien abrió un pequeño óculo sobre la puerta e incorporó la mítica y legendaria campana que orientaba a los peregrinos en la capilla que había en el collado de Ibañeta: la capilla de San Salvador.



Por Ibañeta y Roncesvalles entra el llamado Camino Francés, el cual se une en la villa de Obanos, muy cerca de Puente la Reina, con el otro que procede del Somport de Huesca, también en los Pirineos, conocido por Camino Aragonés.


Santa María  de Roncesvalles. Imagen del siglo XIV.


La arquitectura de Roncesvalles tiene un origen funcional para  acogida a 

caminantes y peregrinos como puede verse en la iglesia Colegiata de Santa     

María del siglo XIII. 

El templo se construyó gracias a Sancho VII «el Fuerte» (1194–1234), quien lo eligió como lugar de enterramiento. No hay datos concretos sobre las fechas de la construcción de la iglesia, pero se sabe que fue a principios del siglo XIII, entre 1215 y 1221.

La Colegiata sufrió importantes desperfectos, ocasionados principalmente por varios incendios ocurridos en 1445, 1468 y 1626. A comienzos del siglo XVII, su estado de deterioro y casi abandono propició su reconstrucción, que abarcó todo el recinto colegial, especialmente a la iglesia y al claustro. Se enmascaró el interior gótico y se le dio forma barroca salvo en el presbiterio y el tramo de nave que le precede, donde quedaron a la vista los elementos góticos.


La Colegiata fue construida a finales del siglo XII y principios del XIII. La explanada de acceso nos conduce hacia la Casa Prioral y el Museo Biblioteca para después, a través de un pequeño túnel de bóveda rebajada, acceder a las principales construcciones. 

La restaurada iglesia colegial de Santa María, consagrada en 1219, responde al estilo gótico francés y cuenta con una torre defensiva del siglo XIV. Su altar mayor está presidido por la imagen de Santa María de Roncesvalles (XIV), una talla gótica de madera revestida con plata que, según la leyenda, apareció milagrosamente por el anuncio nocturno de un ciervo en cuyas astas brillaban dos luceros. 

Del lado de la epístola se accede al claustro, construido en el siglo XVII tras el haberse derrumbado en 1600, tras una gran nevada, el primitivo claustro gótico. Desde allí, se llega a la capilla de San Agustín, en cuyo centro se encuentra el sepulcro del rey Sancho VII el Fuerte.  

Las mazas y cadenas que se exhiben en su cabecera son las que, según la leyenda, el monarca arrebató al moro Miramamolín durante la contienda de las Navas de Tolosa (1212), que también se relata en las vidrieras de la iglesia, y que forman parte del escudo de Navarra. 




Conjunto del Albergue y antiguo hospital de peregrinos. 

Los edificios civiles son el antiguo hospital, construido entre 1802 y 1807,  y el museo-biblioteca, que data de finales del siglo XIX. 











Roncesvalles fue de siempre vía de paso obligatoria para entrar en la Península Ibérica. 

Por Roncesvalles penetraron fundamentalmente los celtas, los bárbaros (409), los godos que se establecieron a lo largo de la cuenca del Duero, y naturalmente el rey Carlomagno con el más poderoso ejército del siglo VIII, camino de la ciudad de Zaragoza. Carlomagno, dado que fue derrotado en Zaragoza, decidió, camino de su reino, reducir a ruinas la capital de los vascones, Pamplona. Fue al regreso, en los Pirineos, entre el collado de Ibañeta y la hondonada de Valcarlos, donde hubo de sufrir una contundente emboscada por partidas de nativos vascones, a los que les resultó fácil provocar un descalabro general a base de lanzar rocas y dardos. 

La Chanson de Roland, escrita en algún lugar de Francia hacia finales del siglo XI, concibió el desastre en el llano, entre Roncesvalles y la villa de Burguete, y los atacantes ya no eran vascones, sino sarracenos, quienes en realidad nunca llegaron a expandir sus dominios tan al norte.


Monumento que conmemora la batalla de Roncesvalles. Monumento a Roldan.